Esta vez no fueron los merengues ni nuestra gula lo que nos impidió entrar a tiempo, sino las escaleras.
He encontrado mis escaleras favoritas en esta ciudad. Es algo simple, al final de cuentas, son sólo escaleras. Y aún no sé siquiera a dónde llevan. Pero son hermosas; están rodeadas de árboles muy grandes en época de otoño, miles de hojas cafés le dan color y textura a la tierra, en lugar de barandales hay fuentes y están adornadas de azulejos. Son las escaleras perfectas para sentarse en una tarde otoño a las 3 de la tarde.
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