Sé que debería de comenzar con más orden, más estructura. Pero no puedo. Me es de lo más complicado y si no pongo algo ahora no lo haré después.
El motivo de esto es mostrar la Barceona que voy encontrando; la comida, la gente, cualquier cosa.
Si algo me ha impresionado y sorprendido de esta ciudad, es su música. Está por todas partes. Imaginaba guitarras flamencas por todos lados pero esas no las he encontrado.
Lo que sí he escuchado es una acústica de Ben Harper, Walk away, frente a la catedral gótica en centro, un coro de gospel a media calle, una chica con su guitarra en el metro (si hiciera un concierto, yo sería la primera en la fila). Y así, muchas más situaciones donde de pronto, hay notas flotantes que vienen sin decir de donde. Así pasa en mi cuarto, donde puedo escuchar a alguien que pone música todo el día y que afortunadamente tiene mi gusto.
Una de esas cosas inesperadas que te encuentras mientras caminas por la calle y ves carteles (Bcn es sin duda una ciudad de carteles) fue el concierto de Yann Tiersen.
Muchos quedaron decepcionados de la novedad, a mi me sorprendió tanto que no podía manejarlo. Esperaba las canciones que para mi, lo hicieron famoso en todo el mundo; el soundtrack de Amelie y de Goodbye Lennin. En realidad, son las que conozco y las que encuentro cada que lo busco.
Pero eso no es lo que encontramos esta vez; el concierto fue en la sala Razzmatazz, que ahora me entero, es un foro para este tipo de conciertos. Un espacio relativamente pequeño para poder apreciar a músicos que suelen presentarse en espacios más grandes y menos personales.
Todos de pie, dos barras a los lados y una máquina de sandwiches en el fondo, un segundo piso que en realidad equivale a dos pasillos flotantes.
El telonero fue Matt Elliott, británico que hace grabaciones en el momento; toca un acorde y lo graba, toca otro y lo graba. En el fondo se va repitiendo infinitamente hatsa que se hace una mezcla de todo lo que ha interpretado. Es un métedo muy interesante y el resultado es muy emotivo pero se convierte en algo muy caótico para escuchar. Mucha gente se tapaba los oídos cuando las repeticiones dejaban de tener sentido alguno y eran sólo ruídos. Estuvo por 5 canciones, aprox 30 min.
Después apareció el esperado; yo visualizaba un hombre con un montón de instrumentos destrás. Lo que había era un señor con una banda destrás. Y muchos instrumentos también.
Esperaba música instrumental, mucho violín, mucho piano.
Hubo mucha guitarra eléctrica, violines extremadamente rápidos y agudos, pianitos de aire y ecualizadores on stage.
Al final, las canciones que siempre uso para irme a dormir, se convirtieron en música de rock para bailar y brincar. La gente a nuestro al rededor estaba sorprendida pero emocionada; fue un Tiersen meets Radiohead. Leí que alguien lo describió como un Coldplay sin letras.
Para mi fue increíble; la mejor combinación, poder brincar con la músca de Amelie. Los acordes, los ritmos tan fuertes que se mezclaban con los latidos propios del corazón, no moverse era imposible. Fue una de las mejores sorpresas.
Algunas de las canciones no pude reconocer, incluida una que deletrea y otra en la que se despidieron de la gente. Y luego regresaron.
El cierre fue El vals de Amelie en una versión que no todos reconocieron. Y fue maravilloso.
Canción 1
Canción 2
Ilustración de Sara Arámburo
Sunday, November 22, 2009
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